miércoles, 26 de agosto de 2009

Enramada.

Y veré como un torbellino
Suave, lento, pero profundo;
brisa que no refresca,
solo seca la humedad de la espera.
Tal vez sea ese el problema
quizas...
No se trata de espera.
Cadencias, carencias,
las primaveras confusas de lágrimas
que otro lloró sin lograr el consuelo;
acunando en alternativas alentadoras de sosiego.
Refugios.
Con un quiño cómplice y fundamental;
salvan que presentía
esa inocencia perturbadora.
Cielos.
Azules alientos de rocío
abriendo los brazos me siento;
busco alrededor y encuentro
tu cuerpo,
que me prodiga el sendero.
Llego.
Remanso de tu amor
y me entrego,
siendo el provocador de tu aliento agitado.
Cómplices al fin,
de darnos tanto y prometernos sin palabras.
Darnos más,
sin necesidad de asegurar
cuanto, donde, como, hasta cuando.
Lo nuestro,
va dejando día a día de ser nuestro,
pues va tejiendo la trama que nos contiene y da vida.
Tan vital, como la necesidad del sueño.
Puede que sea el dueño
De eso real:
es mi deseo que me construye,
siendo tu mi universo.