lunes, 21 de septiembre de 2009

Era así, nomás (sisisi, pero quequeque)...

Desde días atrás me empeciné en reencontrarme con personas que hace unos veintipico de años atrás estuvieron en mi vida. Atravesándola, influenciándola, alentándola. Bien. Logro poner todo afuera.

Veamos: ¿de que me hago cargo? ¿De haberme propuesto sobrevivir al desatino, como aquella luciérnaga a la que me referiré próximamente y que fue protagonista de un texto de aquella época? El reencuentro virtual trajo al menos un breve intercambio de palabras, también virtuales... Vacías, bah!. Como un tímido y tartamudo sisisi, pero quequeque... Eso sí: sonaban a palabras de cortesía.

Silencio luego (¿descortesía solapada?)

Me acerque pensando (¿deseando?) que sería bueno el hallazgo de un camino posible de comunicación. Algo que siempre tuvimos delante de nuestras narices, inasible: la no tan leve condición de ser de cada uno, para asumirla con todas las letras y significaciones.

Pero las palabras no me han alcanzado. O lo peor: no han sido dichas después de veinte días del intento. Tan trágica la vida, como un melodrama (dicen que decía, mientras lloraba, la cucaracha).

¡Ni la escusa de un encuentro sentido para alimentar apenas con un vinito!Tanta ansiedad acumulada al sorbete por un pretendido encuentro-nuevo-desencuentro. Apenas un sisisi, pero quequeque. que dió bronca al principio.

Recuerdo que comenzó con la imagen primera, encontrada de pedo en Internet, que me trajo los rasgos que recordaba pero que allí se plasmaban más jugados. Luego se transformó en un hada que volaba en un aire de irrealidad.

Creo que el hada siempre vivió en una irrealidad y no la supo compartir conmigo... o es que, crudamente, la irrealidad no la quise asumir porque la realidad era más soporífera y ... Digo, no más para entender y no escorcho más: el hada y su actitud me sugiere-amenaza samarreando una varita donde parece marcar que hasta aquí está la línea de la confianza. Y me atrapa por unos días de agonía del sisisi, pero quequeque...

Llega invocado al rato el otro: las canas le pintaron la sabiola, pero no los rasgos de siempre. Esa sonrisa que no se me olvido: tal cual. Pero nonono, gracias. No necesito que me atiendas en tu consultorio, bebé. ¡Ah! ¿era para solo vernos allí al mediodía porque no tenes tiempo? Mira vos. No gracias: a tu consultorio no voy. Todavía no estoy tan colifato y me sigo preguntando hasta el día de hoy, cual fue la fascinaciónque en mi carencia de ayer vi en tí.

Pero todo esto quedó atrás y estúpidamente pretendo sin darme cuenta revivirlo y me está empezando a hacer mal. Como si fuese esencia de la impotencia pura. ¿...tiene que quedar atrás? Me parece que me queda un duelo pendiente por resolver y asumir. Ellos y ellas ya no están en mi vida y a pesar de ello he sobrevivido hasta hoy. Ellos y ellas no me han buscado, no me han necesitado. Tal vez yo sí, para exorcizarlos...

Sisisi pero... quequeque lo parió. Es que todo eso y aquello... no me ha sido indiferente.